Se seca el campo y se pierde la cosecha de granos en Guerrero

*Campesinos de Guerrero temen pérdida total por falta de lluvias

*Milpas que no crecen, calabazas marchitas y sorgo sin desarrollar mantienen en alerta a productores de Guerrero

*Advierten que la sequía podría provocar escasez y encarecimiento de alimentos en los próximos meses

EDUARDO YENER SANTOS

CHILPANCINGO, GRO.

La falta de lluvias comienza a cobrar factura en el campo guerrerense, en todas las regiones. Los campesinos temen pérdida total de sus siembras.

En comunidades como El Llano de Tlalcapalatla, Jalapa, El Palmar y Atlixtac, del municipio de Eduardo Neri, ubicado en la Zona Centro del estado, las milpas permanecen pequeñas, las guías de calabaza se han marchitado y las plantas de sorgo no han logrado desarrollar sus motas.

El escenario se repite en todas las regiones de la entidad, incluso en las dos costas y Acapulco, pero sobre todo en la Zona Norte y Tierra Caliente, las dos regiones donde más se producen granos básicos.

Ante este panorama, los campesinos temen enfrentar pérdidas totales durante el actual ciclo agrícola, una situación que no sólo golpeará directamente a los productores, sino que podría repercutir en el abasto y precio de alimentos básicos.

Melquiades Vázquez Ramírez, campesino que año con año cultiva maíz, sorgo y calabaza en sus tierras de El Llano de Tlalcapalatla, observa con preocupación cómo su parcela de más de tres hectáreas permanece seca y los cultivos no logran desarrollarse.

Explicó que durante este año las primeras lluvias llegaron a principios de junio, pero posteriormente fueron escasas y ligeras, insuficientes para proporcionar la humedad necesaria a la tierra.

A la falta de agua se suma la presencia de gusanos que también han afectado las plantas. El productor atribuyó además la escasez de precipitaciones al fenómeno de El Niño.

El panorama es tan complicado que, incluso si en los próximos días se registraran lluvias asociadas con ciclones o huracanes, éstas podrían llegar demasiado tarde para recuperar los cultivos actuales.

Vázquez Ramírez explicó que, en ese escenario, los campesinos tendrían que volver a preparar sus tierras y sembrar nuevamente, lo que significaría mayores gastos y retrasaría todavía más la cosecha.

El productor recordó con nostalgia que el año pasado, a partir del 28 de agosto, ya comenzaban a cortar los primeros elotes. Ahora, en cambio, advierte que la situación es completamente diferente y que este año incluso podrían faltar las tradicionales calabazas tamalayotas utilizadas para las ofrendas del Día de Muertos.

Daños en

el estado

José Francisco García González, defensor de los derechos del campo, afirmó que la situación que enfrentan los productores de Eduardo Neri no es un caso aislado.

Señaló que la falta de lluvias también afecta a campesinos de regiones como Tierra Caliente, la zona Norte y La Montaña, donde los cultivos de maíz, frijol y calabaza presentan un desarrollo deficiente.

García González aseguró que durante los recorridos realizados por distintas zonas del estado ha observado parcelas donde las plantas prácticamente dejaron de crecer y productores que ya se han resignado a perder por completo sus cultivos.

La crisis ha obligado a los agricultores a recurrir a distintas alternativas y prácticas para intentar obtener algún beneficio de sus parcelas ante la falta de agua.

El problema incluso ha comenzado a generar movilizaciones. El pasado 7 de agosto, agricultores de las regiones Norte y Tierra Caliente protestaron a orillas de la carretera Chilpancingo – Iguala para exigir que se declare una situación de desastre debido a la sequía y las pérdidas registradas en parcelas ejidales.

Un día después, el 8 de agosto, pobladores y campesinos de diferentes regiones de Guerrero recurrieron a peregrinaciones, procesiones y oraciones para pedir que regresen las lluvias.

Y este 19 de agosto productores de la Montaña Baja y Costa Chica acudieron a Chilpancingo en busca de ayuda con el gobierno estatal.

Mientras las milpas permanecen a la espera del agua, el campo guerrerense enfrenta una carrera contra el tiempo. Si las lluvias no llegan a tiempo, la pérdida de las cosechas podría convertirse también en un problema para las familias consumidoras, ante un posible escenario de menor producción, escasez y encarecimiento de alimentos.