Cayetano “maltrató” y le quitó dinero a exdiputada de Morena: Pilar Vadillo


*Pilar Vadillo sostuvo que María de Jesús Cisneros fue “maltratada terriblemente” por su propio equipo y que no recibía íntegro su salario
*Cayetano rechaza las imputaciones, habla de calumnias desde la tribuna y acusa nerviosismo político ante su aspiración a la gubernatura
*Afirma que el dinero faltante lo “donaba” la ex diputada María de Jesús Cisneros a estudiantes sin acceso a estudios superiores
RANGEL VENTURA
REPORTE GUERERRO
El debate por la conmemoración del 8 de marzo en el Congreso local derivó en un nuevo episodio de confrontación política que ahora coloca en el centro al exdiputado federal de Morena, Rubén Cayetano García, y a la diputada priista María del Pilar Vadillo Ruiz, en un cruce de acusaciones que revive la polémica en torno al trato y manejo de recursos de la exlegisladora María de Jesús Cisneros Hernández.
Desde la tribuna, Vadillo Ruiz aseguró haber sido testigo de un “maltrato terrible” hacia Cisneros Hernández durante la 61 Legislatura, cuando Morena contaba con una sola diputada local. Según la legisladora del PRI, el origen de ese trato no estaba en la mayoría priista o perredista de entonces, sino en el propio equipo de asesores de la morenista.
“Tenía asesores vigías. Uno de ellos pretende ser gobernador”, lanzó sin mencionar nombres, aunque distintos actores políticos y medios locales interpretaron la alusión como dirigida a Rubén Cayetano, quien fungía como su asesor.
La priista fue más allá: afirmó que las participaciones de la exdiputada eran elaboradas y vigiladas por sus asesores, quienes —dijo— no le permitían modificar “una sola palabra”, y que incluso existía presión física y gestual para garantizar que se ciñera al guión. Además, sostuvo que Cisneros Hernández “no cobraba ni la tercera parte de su salario”, porque desde su propia fracción le arrebataban el resto.
Cayetano
responde
Las declaraciones detonaron una respuesta pública del exdiputado Cayetano García, quien utilizó su cuenta de Facebook para fijar postura bajo el encabezado “Destape desde la tribuna”, sugiriendo que los señalamientos forman parte de una estrategia para posicionarlo anticipadamente como aspirante a la gubernatura.
Cayetano negó de manera categórica cualquier acto de violencia o maltrato hacia Cisneros Hernández y rechazó que se le impusieran discursos.
Aseguró que su labor fue estrictamente técnica y que la entonces diputada tenía plena autonomía para modificar, aprobar o rechazar los textos que él le presentaba como asesor.
“Es un insulto sugerir que se le imponía lo que iba a decir”, escribió, al tiempo que calificó de calumnia la versión sobre la supuesta retención salarial.
Sobre el señalamiento de que la exdiputada no percibía íntegramente su sueldo, Cayetano sostuvo que parte de las percepciones fueron donadas voluntariamente a universidades para apoyar a jóvenes sin acceso a estudios superiores, una práctica —afirmó— adoptada por los primeros legisladores de Morena como muestra de congruencia con su discurso político.
La controversia no ocurre en el vacío. En la misma sesión, diputadas de Morena y del PRI intercambiaron calificativos como “politiqueros baratos”, “cabeza cuadrada” y “la chistosa de la legislatura”, evidenciando que el caso Cisneros Hernández se ha convertido en un símbolo que ambos bloques utilizan para reforzar sus narrativas: Morena habla de violencia institucional ejercida por el viejo régimen; el PRI responde señalando autoritarismo y control interno dentro del movimiento obradorista.
El trasfondo político resulta inevitable. Vadillo Ruiz dejó entrever que detrás de la defensa pública de Cayetano existe una aspiración mayor. El exdiputado, por su parte, respondió acusando “nerviosismo” en el “MCPRIAN” y en el “cacicazgo” local ante la posibilidad de que “un ciudadano libre” haga política sin el aval de los grupos tradicionales.
El debate está servido y amenaza con escalar en la medida en que se acerquen los tiempos políticos. Lo que comenzó como una discusión sobre violencia política de género terminó por convertirse en un pulso de credibilidad entre dos figuras que, desde trincheras opuestas, se disputan la narrativa de la congruencia y la ética en la vida pública guerrerense.
El debate
Durante el debate, la morenista Diana Bernabé solicito la palabra para reprochar el que se utilice la figura de la diputada María de Jesús para revictimizarla y hacer “politiquería barata”.
Aseguró: “La maestra nunca sufrió violencia, tuvo un equipo de primera y por eso se caracterizó como una de las mejores diputadas, que les decía de frente a los priistas lo que eran, sin que le temblara la voz”.
Llamó a no permitir que se utilizara el nombre de la diputada Cisneros, a quien definió como un ejemplo de dignidad, por lo que aseveró que era inaceptable y “una vil bajeza”, lejos de aprenderle en materia de dignidad y decencia.
Réplica
La diputada Vadillo Ruiz solicitó nuevamente la palabra para responder de manera directa: “Quien me antecedió a la palabra es respetable, pero cabeza cuadrada”.
Agregó: “Si la palabra fanatismo puede tener representación, representación en una persona, es en quien es incapaz jamás de reconocer un desacierto propio. Porque la perfección no existe. Y pues la compañera ya saben que como dice una cosa dice otra, ella es la chistosa de la legislatura, ¿no? Es la que tira como la escopeta esa de mil balas, para donde caiga y a ver si le atino a alguien, es quien dio pie a que se tuviera que comentar aquí lo que yo viví y no vivieron quienes me antecedieron a la palabra”.
Coincidió en que la diputada Cisneros es una buena persona y con la experiencia fue una buena legisladora, pero en todo momento sostuvo que su equipo de colaboradores ejerció una excesiva presión en su contra.
Reprochó el que no se reconozca errores y reiteró que el origen del maltrato hacia la primera diputada que Momrena tuvo en Guerrero siempre fue muy claro, su propio equipo de colaboradores.
