La desgarradora exigencia de justicia por la niña Kimberly

* Su madre denuncia omisión y abandono institucional

* La menor de 13 años desapareció en Chilpancingo y fue hallada asesinada un mes después

* Su madre exige justicia ante la impunidad que, afirma, castiga a los pobres y silencia a las víctimas

RANGEL VENTURA
REPORTE GUERRERO

El dolor de una madre volvió a evidenciar la profunda crisis de violencia e impunidad que golpea a Guerrero. Kimberly, una niña de tan solo 13 años, desapareció hace casi un mes. Su madre acudió desde el primer día a la Fiscalía en Chilpancingo, presentó pruebas, pidió apoyo, suplicó atención. No la obtuvo. Días después, el cuerpo de la menor fue encontrado entre la maleza, abandonado en la oscuridad y el frío, víctima de un crimen que aún no tiene responsables.

En un testimonio profundamente devastador publicado en redes sociales, la madre de Kimberly narró la dimensión del vacío que enfrenta: noches sin respuestas, días sin alivio y una herida que —afirma— no cerrará jamás. “Mi hija no sólo murió. A mi hija me la arrancaron, me la arrebataron sin piedad”, dijo, señalando que con la vida de su hija también le arrebataron una parte de sí misma.

La mujer describe cómo cada objeto, cada espacio, cada recuerdo se ha convertido en una punzada constante de dolor: la ropa que ya no se usa, la cama que ya no se ocupa, el futuro que le fue robado a una niña que apenas empezaba a descubrir su mundo. El duelo, sin embargo, se mezcla con indignación: la convicción de que el Estado la dejó sola y que la indiferencia institucional permitió que su caso avanzara sin investigación ni respuestas.

La denuncia es contundente. “Desde el primer día presenté pruebas. Hicieron caso omiso. No tuve apoyo, nadie me ayudó”, declaró, señalando directamente a las autoridades responsables de la búsqueda y la procuración de justicia. Su reclamo va más allá de su caso personal y expone una realidad recurrente: la desigualdad en el acceso a la justicia, especialmente para las familias pobres, quienes —según afirma— no son escuchadas ni consideradas.

Hoy, desde la herida abierta y la rabia legítima, la madre de Kimberly exige respuestas, verdad y castigo para quienes le arrancaron la vida a su hija. Su lucha no es únicamente por memoria, sino por el derecho básico a la justicia. “No quiero consuelo. No quiero palabras vacías. Quiero justicia por mi hija”, expresó, reiterando que será la voz que a su pequeña le arrebataron.

El caso de Kimberly se suma a la larga lista de desapariciones y feminicidios que continúan sin resolución en Guerrero y en el país. Su madre, como miles de mujeres organizadas en colectivos de búsqueda, se niega a guardar silencio. “Tu nombre será mi grito. Tu ausencia será mi fuerza”, aseguró.

Mientras la familia espera avances que hasta ahora no han llegado, la exigencia se mantiene firme: que la muerte de Kimberly no sea archivada, que no se convierta en una cifra más y que el Estado cumpla con su obligación de investigar, esclarecer y castigar.

“Te amaré eternamente, mi niña. Yo seré la voz que te arrebataron», cierra su mensaje la afligida madre.