Falla el 911: Hombre muere tras caída esperando la ambulancia
REPORTEROS
ACAPULCO
Testigos relatan que esperaron más de una hora sin respuesta; caso evidencia patrón de negligencia en el servicio de emergencias, similar a reportes previos en Acapulco.
La confianza en el sistema de emergencias 911 de Acapulco vuelve a ser cuestionada tras la muerte de un hombre esta tarde en la carretera federal Acapulco–México, a la altura del kínder de la colonia Las Cruces.
Testigos relataron que, tras presenciar cómo la víctima sufrió una caída, realizaron múltiples llamadas al número de emergencias solicitando una ambulancia que nunca llegó. Después de más de una hora de espera angustiosa, el hombre perdió la vida en el lugar, sin recibir atención médica.
Este lamentable incidente no es un hecho aislado. Usuarios de las redes sociales recordaron inmediatamente el caso de Aldo Pérez, un joven que hace uno meses reportó al 911 a una persona que lanzaba rocas contra automovilistas en la Calzada Pie de la Cuesta, pidiendo el apoyo de una patrulla. La ayuda nunca llegó, dejando a la ciudadanía expuesta y en riesgo ante la indefensión de las autoridades.
La recurrencia de estos hechos expone una crisis operativa en el centro de emergencias, donde las llamadas de auxilio no se traducen en respuestas efectivas. La falta de ambulancias, unidades de policía o coordinación entre instituciones parece ser una constante que ya costó, al menos, una vida hoy y mantiene en vulnerabilidad a miles de acapulqueños.
Familiares de la víctima y organizaciones civiles exigen una investigación inmediata y la destitución de los responsables de la operación del 911 en el puerto. Señalan que la negligencia no solo refleja falta de recursos, sino también desinterés por garantizar uno de los derechos más básicos: el acceso a la protección y auxilio inmediato.
Mientras las autoridades no asuman su responsabilidad, los ciudadanos seguirán viviendo con la amarga certeza de que, en momentos críticos, el 911 de Acapulco podría ser solo un número silencioso. La pregunta que queda en el aire es: ¿cuántas muertes más se necesitan para que el servicio de emergencias funcione como debería?
