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Con más de 170 víctimas, depredador sexual se hace pasar por psicólogo

SANJUANA MARTÍNEZ

LA JORNADA / CDMX

“Es un depredador y es de mi familia”, dice Perla, al narrar los abusos sexuales que sufrió por parte de su hermano Ulises Portillo Barroso durante su niñez y adolescencia.

Perla no sabía lo que significaba el incesto, una palabra cargada de tabúes en México, pero tipificada como delito en el Código Penal Federal: “Durante gran parte de mi infancia y adolescencia fui víctima de abuso sexual por parte de mi hermano. Viví años de manipulación, miedo, amenazas y silencio, cargando un dolor que marcó profundamente mi vida. Como ocurre con muchas víctimas, durante mucho tiempo no pude hablar de lo sucedido. El miedo, la culpa, la vergüenza y la falta de apoyo me hicieron guardar un secreto que afectó mi autoestima, mi salud mental y mi forma de ver el mundo. El incesto es grotesco y lo normalizan. Tuve muchos intentos de suicidio”, dice en entrevista con La Jornada.

Perla es maquillista profesional y tiene 36 años; está casada, tiene dos hijos y vive en El Salto, cerca de Guadalajara. Aquello que la marcó la vida para siempre, volvió a oprimirla. En los últimos meses ha sufrido una recaída emocional y sicológica. A través de medios de comunicación se enteró de las denuncias contra su hermano, quien tenía un consultorio usurpando la profesión de psicólogo.

La fiscalía de Jalisco abrió la carpeta de investigación 89856/2024 por los delitos de abuso sexual, trata de personas, distribución de pornografía infantil, usurpación de funciones de profesión y uso indebido de uniformes e insignias, según expuso Eduardo Guevara González, agente del Ministerio Público.

El juez segundo de control, Arturo González Santana, solicitó a la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes designar personal para la “debida representación de las víctimas”, según consta en el expediente al que ha tenido acceso este diario.

Corrupción

“Llevo meses buscando a los afectados. Hay más de 170 víctimas de mi hermano. Y alrededor de 20 denuncias penales de mujeres, hombres y menores de edad. Lo detuvieron, pero estuvo preso sólo seis días. Lo soltaron el pasado 7 de mayo. Seguramente porque dio dinero, por la corrupción. Nos dijeron que mis papás dieron dinero”, dice Perla.

Secretos

de familia

Perla suspira antes de hablar. Las heridas del pasado se han abierto. Ha vuelto a terapia. Sufre de ansiedad y depresión. El pasado 1º de junio decidió interponer la denuncia penal por abuso sexual infantil contra su hermano y le asignaron la carpeta de investigación 2738/2026 en la fiscalía de El Salto, Distrito V, Chapala.

Desde entonces, el agente del Ministerio Público Jovany Alonso Siordia Moya le otorgó medidas de protección bajo el expediente 426/2026 porque considera que su hermano, ahora imputado, representa un riesgo inminente en contra de su seguridad.

“Mi hermano empezó a abusar de mí desde que tenía cuatro años con tocamientos, con su boca, con sus dedos. Cuando era pequeña me amenazaba constantemente diciendo que me iba a matar si decía algo. Me mostraba un cuchillo. A los 16 años de edad llegué de una fiesta, me acosté en el sillón de la casa de mis papás y me quedé dormida. No supe nada. Ahora sé que me violó”.

En su casa vivían sus padres y cinco hermanos más. En 2008 fue uno de sus hermanos quien le comunicó la existencia de un video que mostraba ese abuso sexual cometido por Ulises: “Te lo quiero enseñar para que te cuides de este cabrón”, le dijo. “Quedé en shock cuando me vi desnuda y me estaba haciendo hasta lo que no. Se ve claramente que estoy inconsciente, seguramente drogada por él”.

Cuenta que se lo comunicaron a su madre: “Mi hermano le enseñó el video. En ese momento llegó Ulises y mi hermano se le fue encima. Pero mi mamá me dijo: “Borra eso. Váyanse a su cuarto. Tu papá no se debe enterar de nada. Callamos y así quedó”.

Añade: “Vivir en casa fue muy traumático. Nadie hacía nada. Me tenía que cuidar. Todo se silenciaba. No había amor. No fui tratada ni llevada con un sicólogo. Todo este tiempo he vivido con mucho coraje. Ahora que estoy alzando la voz, él está haciendo muchos perfiles falsos donde está desacreditando mi denuncia y la de las otras víctimas”.

Perla cuenta que muy pronto tuvo novio. Se casó con él a los 20 años en noviembre de 2010: “Me casé muy chica porque mi mamá nos lo pidió, luego de saber que mi hermano abusaba de mí. Mi mamá nunca me apoyó. Yo no me quería casar, quería estudiar. Fue otro trauma, sobre todo porque sentía que no me creían. Todos callaban. Tuve muchos intentos de suicidio; mi esposo y mis hijos son testigos”.

Ulises tiene ahora 40 años y nunca se casó. Continuó abusando de mujeres, hombres y menores de edad, según cuenta Perla: “Me dicen: ¿por qué apenas denunciaste a tu hermano? Denuncié porque me doy cuenta que él siguió abusando de muchas mujeres y que se hacía pasar por un profesional de la salud mental. Cuando me enteré que lo detuvo fiscalía el pasado 29 de abril, mi esposo me pidió que le dijera a mi papá lo que me hizo”.

Añade: “Mi papá se quedó en shock. Ahí estaba mi mamá de testigo y mi hermano que presenció el abuso cuando tenía 16 años, estaban mis hijos y mi esposo y mis padres nunca negaron nada. Recordamos cuando Ulises llevó a la casa a una mujer ensangrentada a la que había abusado. Mi mamá sólo movía la cabeza. Y yo me quedé en paz”.

Dice que a Ulises lo han visto caminando en El Salto, Jalisco, aunque nadie sabe su paradero exacto. En ese mismo lugar, Perla tiene un negocio y dice que la gente, por el apellido, pensó que su hermano era serio: “Pero cayeron en las manos de este depredador. Hay muchas víctimas jóvenes, mujeres, menores y hombres. También cometía abuso digital, porque daba terapia en línea y se daba autoplacer frente a sus pacientes”.

Estela

de dolor

Perla cuenta que se sometió a terapia en 2013 para trabajar sus emociones y poder seguir conviviendo con su familia y su hermano agresor: “Me aguantaba, pero cuando llegaba a mi casa con mis hijos y mi esposo explotaba por el asco que sentía. Eran secretos y mentiras. En 2021 me alejé totalmente de él”.

Cuenta que las víctimas se han encontrado en el camino de la búsqueda de justicia y que hay afectados desde 2010: “No todas eran pacientes. Hay desde amigas, compañeras, ex novias. A algunas las violó. A las pacientes más vulnerables con traumas las abusaba. Una me contó que en su consultorio le hizo una regresión y él le puso el pene en la boca”

Hace tres años, la víctima con iniciales MNSD de 33 años, divorciada y con dos hijos, cuenta que acudió a su consultorio para atenderse de un trastorno obsesivo compulsivo.

“Él usaba bata de doctor. En las primeras citas empezó a hablarme de sexo. Me parecía raro. Soy mamá soltera y le dije que no necesitaba hablar de sexo. En la cuarta cita empecé a notar que se tocaba sus partes. Y me preguntó: ¿si te toco te sientes sucia? Fue cuando me levanté y me fui a la puerta. Él me alcanzó y me dijo: “No te voy abrir la puerta. Aquí te vas a quedar porque la sesión no ha terminado. Empezó a tocarme. Lo empujé y se empezó a reír a carcajadas”, dice en entrevista con La Jornada.

“Estás loca”

Añade: “Me dijo: ‘Estás loca. ¿Quién le va a creer a una loca como tú; a alguien que tiene tratamiento siquiátrico? No te van a creer’. Y fue cuando me empujó a su escritorio, me tapó la boca y me violó. Me jalaba el cabello. Fue muy feo. Bajé corriendo. Me respiraba en la nuca. Me abrió la puerta. Salí corriendo. Llegué a bañarme, me sentía sucia. Luego pasaba por mi casa en una camioneta y me mandaba mensajes. Lo bloquee”.

Menciona que decidió no denunciar por “miedo y vergüenza”: “Preferí tomarme la pastilla del día después. Soy enfermera y no podía creer que un violador fuera del sector salud. Ojalá lo refundan en la cárcel. Maldito. Es una amenaza, no debería estar libre violando niños, mujeres y hombres. Es un peligro para todos”.

Cuando se enteró a través de las redes que Ulises fue detenido, acudió a la fiscalía para interponer su denuncia: “Me impresionó ver a tantas víctimas esperando. El Ministerio Público me dijo: ‘es un tema muy caliente’. Lamentablemente ya lo liberaron. Queremos justicia”.

La víctima con iniciales RA de 30 años fue a la fiscalía a ofrecer su testimonio. Cuenta que conoció a Ulises hace 16 años. Dice que iba afuera de la secundaria a enganchar chicas. Él tenía 25 años y yo 14. Llora al recordar que fue violada por él: “A diferencia de las demás víctimas, a mi no me agredió en su consultorio. Pensé que éramos amigos. Fui muy ingenua. Me preguntó si era señorita. No sabía cómo sentirme ni como interpretarlo”.

Cuenta que él le decía que no tenía familia y que se sentía muy triste: “Me invitó al cine, pero en el camino me dijo que mejor fuéramos a un motel a platicar como amigos. Malamente accedí. Al llegar me arrepentí y le dije que me quería ir. Fue cuando me dio una Coca-Cola. Me tomé el refresco y ya no recordé nada”.

Añade: “Perdí la conciencia cuatro horas. Me fui a mi casa con moretones, chupetones y sangrado vaginal. Me violó. Cuando le reclamé, me dijo: “Hicimos lo que hacen las parejas que se aman”. Yo, llorando, le dije: “pero yo no te amo”. Y él me dijo: “tengo fotos y videos de de lo que hicimos. Si cuentas o me denuncias, los voy a difundir”. Me amenazó de muerte. Al final no hice nada. Espero que lo encarcelen, que pague por el daño que ha hecho. Somos muchas víctimas”.

Una voz que

pide justicia

Mientras tanto, Perla intenta unir a las víctimas que como ella sufrieron las agresiones de Ulises. Ha roto los lazos familiares. Decidió transformar su dolor en una voz que pide justicia. Sin poder contener el llanto dice: “Vivo en una montaña rusa de emociones. Somos muchas víctimas. No queremos que siga lastimando a mas niños, jóvenes y mujeres. Lo demás, lo dejo en manos de Dios”.

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