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Suma Guerrero 158 casos de tuberculosis; hombres, los más afectados

KARLA GALARCE SOSA

QUADRATÍN GUERRERO

El médico integrante del Observatorio Social de Tuberculosis de México, Luis Ángel Ortiz Padilla informó que el estado suma 158 casos de tuberculosis en lo que va del año, de los cuales 122 son hombres y 36 mujeres.

Detalló que a nivel nacional, hasta el 14 de marzo se contabilizan tres mil 841 casos.

En entrevista en la casa hogar Villa Sarita ubicada en la colonia Progreso, la cual atiende a niñas y niños con VIH, el especialista advirtió que faltan integración y voluntad entre autoridades, academia, sociedad civil y tomadores de decisiones para que las estrategias impacten en la reducción de casos.

“Hace falta integración y voluntad para que las estrategias realmente impacten”, señaló.

Aseguró que, aunque la enfermedad tiene cura, el principal problema radica en el diagnóstico tardío y en la falta de continuidad en el tratamiento, mismo que debe ser estrictamente supervisado durante seis meses.

Afirmó que la tuberculosis está relacionada con condiciones de pobreza, ya que las personas enfermas pueden perder su empleo y con ello el acceso a una alimentación adecuada, lo que complica su recuperación.

Añadió que el estigma social también representa un obstáculo importante, debido a que muchas personas evitan reconocer la enfermedad por miedo a la discriminación, lo que retrasa la atención médica y favorece la propagación del vacilo.

Indicó que organizaciones civiles como el Grupo de Amigos con VIH y el Observatorio Social de Tuberculosis de México han intervenido con apoyos alimentarios para pacientes, debido a que una adecuada nutrición es fundamental para la cura del paciente y la efectividad del tratamiento.

Explicó que la tuberculosis es una enfermedad infecciosa provocada por un bacilo que afecta principalmente al sistema respiratorio y que de no ser atendida, una persona puede contagiar entre 15 y 20 individuos por año.

También señaló la necesidad de reforzar la divulgación científica desde la educación básica y ampliar las políticas públicas para garantizar el acceso al tratamiento, reducir el estigma y mejorar las condiciones sociales que favorecen la enfermedad.

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