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Pescadores de la Barra localizan narco-embarcación

A pesar del hermetismo con que fue manejada la información, se sabe que la embarcación artesanal fue localizada desde el día domingo a varias millas náuticas de la Barra de Tecoanapa

Varios pescadores lo remolcaron hasta la desembocadura del Río Quetzala. Elementos de la Policía Ciudadana de la UPOEG tomaron el control de la embarcación y lo fondearon en la laguna

Posteriormente elementos de la Policía Estatal, Policía Municipal, PIM, Ejército Mexicano, Marina y Guardia Nacional tomaron el control de la embarcación

FERNANDO SANTAMARÍA
BARRADE TECOANAPA, GRO.


“La Barra estaba de grito en grito, la gente loca de la emoción, en el río estaban los pescadores, remolcando la narco embarcación; La Chunda y El Pechuga, El Chivo y don Chon…”(léase al ritmo de loa cumbia “los luchadores” de la Sonora Santanera).
El bullicio de los alegres pescadores de la Barra de Tecoanapa se aceleró la mañana de este lunes, hacia las 10:00 de la mañana, cuando varios de esos hombres del mar, de quienes se omiten sus nombres para protegerlos de investigaciones indiscretas, remolcaron un largo sumergible artesanal que localizaron a varias millas náuticas de su muelle, embarcación que aparentemente fue utilizada para transportar droga a través del litoral del Pacífico desde algún país de Sudamérica.
Los pescadores acercaron la embarcación hasta la “Bocana” que forma la fusión del Río Quetzala con el Océano Pacífico, lugar donde realizaron una primera inspección del sumergible. “Sólo le sacamos los pescados que venían atrapados en el interior”, reveló uno de los remolcadores, sin revelar su identidad.
La noticia de este hallazgo corrió como reguero de pólvora hasta la cabecera municipal de Marquelia, desde donde un grupo de policías ciudadanos de la UPOEG se trasladaron para realizar las primeras investigaciones.
Cuando este medio de comunicación arribó al lugar, a la par de un grupo de la Policía Estatal, los policías ciudadanos de la UPOEG ya remolcaban el sumergible río arriba, logrando fondearlo después de mucho esfuerzo en la laguna que se forma con el remanso del Quetzala, con la ayuda de una de sus camionetas.
Ante la mirada de los policías estatales, los policías comunitarios procedieron a revisar cuidadosamente el interior de la parte trasera de la embarcación, espacio que tiene forma de lo que sería una especie de cabina o puente de mando del sumergible; encontraron bebidas hidratantes tipo “Gatorade”, en presentación de envases transparentes de vidrio.

El Titanic de la Barra

Al continuar con la supervisión de la embarcación, los policías ciudadanos de la UPOEG se dieron cuenta que contaba por lo menos con tres compartimentos adicionales, en el primero de los cuales encontraron gasolina que intentaron extraen en garrafas de veinte litros, pero su intentona fue frenada por la intempestiva e imponente aparición de los elementos del Ejército Mexicano, del 48 Batallón de Infantería e infantes de la Marina Armada de México, quienes solicitaron les fuera dejado el lugar bajo su custodia, en coordinación con la Policía del Estado, del personal de la Fiscalía General del Estado de Guerrero y la Guardia Nacional.
Una vez tomado el control de la situación  y una vez que los infantes de la Marina Armado de México revisaban minuciosamente la embarcación, varios lugareños de la Barra de Tecoanapa, entre ellos doña Julia, fueron entrevistados con relación a un evento que sucedió hace muchos años, cuando aparecieron flotando varios paquetes de cocaína en el mar, sustancia que, según las leyendas de la época, no era conocida por estos lugares. Tan es así que se la dieron a comer a los marranos, animales que terminaron sedados por el narcótico.

Una segunda historia sugiere que los deportistas de la Barra de Tecoanapa estaban tan inocentes que pintaron la cancha de futbol con el polvo de cocaína pensando que se trataba de cal.

Otras versiones aseguran que varios vecinos guardaron por algunos días esos paquetes hasta que llegó “el gobierno” para decomisarlos.
Durante las revisiones del sumergible hechizo, los infantes de la Marina detectaron que en los demás compartimentos también estaban llenos de un líquido, al parecer gasolina; sin embargo, decidieron no realizar la revisión correspondiente para comprobarlo.

Minutos más tarde, una vez que las diversas corporaciones policiacas recibieron instrucciones de trasladar la embarcación a la Fiscalía Regional del Gobierno del Estado, con sede en Ometepec, arribaron dos grúas a la laguna de la Barra de Tecoanapa para remolcar por tierra la embarcación; fue en ese momento en que los vecinos del lugar protestaron enérgicamente para que les permitieran quedarse con el sumergible, argumentando que ya se encontraba vacío de cualquier sustancia y que a ellos les serviría de atractivo turístico. “Lo queremos poner como un museo”, decían algunos, mientras que otros aseguraban que si lo dejaban en la entrada de la comunidad, mucha gente los visitaría para tomarse fotos en “El Titanic de la Barra”.
Mientras el personal de las grúas intentaba sacar a tierra el sumergible, El Indio, comisario municipal del lugar, era convencido de que la embarcación tenía que trasladada por lo menos a la cabecera municipal de Marquelia para que las diligencias de ley se llevaran a cabo.

Sin embargo, las vecinas de la Barra subían de tomo el reclamo de conservar la embarcación, por lo que festejaron que las grúas fueron insuficientes para lograr remolcarla.
Los cientos de litros de gasolina almacenados en la proa del sumergible fueron la razón principal por lo que no fue posible sacarlo a tierra.
La confirmación de la existencia de gasolina en los compartimentos del sumergible desataron una nueva polémica, pues los lugareños, en su mayoría pescadores, les solicitaron a los cuerpos de seguridad que si no les autorizaban dejarles la embarcación, que les regalaran la gasolina para sus lanchas de pesca; la petición fue denegada en múltiples ocasiones, a pesar de que ese peso adicional hacía imposibles las maniobras de extracción.
De común acuerdo, militares, marinos, policías estatales y agente del Ministerio Público, solicitaron el apoyo de un camión cisterna que aportarían los militares, argumentando que era imprescindible poner a disposición de las autoridades tanto la embarcación como el total de la gasolina.
Esta vez la espera se prolongó por más de dos horas. El camión cisterna nunca apareció, los lugareños seguían presionando para que les dejaran o bien la embarcación o bien la gasolina, y de vez en vez se armaban las discusiones, tipo batalla campal de la lucha libre al ritmo de la Sonora Santanera, “dénos gasolina, llévense la coca, déjenos el barco”.
Finalmente, al borde del anochecer, con el argumento de que ya venía el camión cisterna, la grúa abandonó el lugar.

También, de manera repentina, se esfumaron los elementos de la Guardia Nacional, luego los militares y marinos. Todos abandonaron la custodia del sumergible, dejando sólo a un grupo de policías estatales, quienes fueron reforzados por elementos de la UPOEG.
Como epílogo de esta historia, algunos lugareños afirman que algo importante tiene escondido el barco, porque no lo quisieron abrir en el lugar, porque no quisieron sacarle la gasolina y porque no se los quisieron dejar.

Pero lo más curioso es que el sumergible corrió con la misma suerte del gallo que platicó con Vicente Fernández, “lo cuidaron tanto durante todo el día, que en la noche lo abandonaron a su suerte”. P.D. Esta historia continuará.

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